Walcu sin filtros

Historias, lecciones y pensamientos sin pulir de las personas que construyen Walcu.

No ponemos el salario en las ofertas.

No es por misterio.
Ni por postureo.
Ni por negociar.

Es porque no tenemos la menor idea del salario que debemos mostrar.

No delimitamos las posiciones de forma tan estricta como para tener claro el salario exacto. Bastante difícil es encontrar a la persona que encaje como para encima hacer que nos descarten por haber puesto una cifra arbitraria que no corresponde.

No buscamos específicamente perfiles junior o senior. Buscamos talento. Nos da igual (casi siempre) el punto de madurez en el que esté. Por eso es imposible saber qué cifra poner.

La alternativa sería publicar una horquilla absurda donde cabe todo. Y eso es terrible. Es como esos restaurantes donde sirven sushi, pizza y tacos al pastor. No sé, Rick.

Así que no ponemos el salario en las ofertas. Pero tampoco negociamos salarios. Preguntamos de manera directa: ¿qué quieres cobrar?

Lo preguntamos en la primera entrevista.
Y lo volvemos a preguntar en el último paso del proceso.

Entre medias la persona ya ha conocido el equipo, el producto, la exigencia, el caos ordenado y el nivel de responsabilidad real.

Si quiere cambiar su expectativa, debe hacerlo. Preferimos eso a que después de tres meses alguien mire su nómina como si estuviera viendo el final de una película de Nolan intentando entender «qué ha pasado».

Por eso preguntamos qué quieren cobrar.

Si está muy por encima, no avanzamos. Sin drama. Sin regateo. Puede que el candidato nos encante, pero que no nos hayamos encontrado en el momento correcto. Lo dejamos ir. No ofrecemos a la baja por si suena la flauta. Queremos que todo el mundo se incorpore con el salario que quiere tener. Si no puede ser es mejor que no se incorpore.

A veces pasa lo contrario: nos dicen salarios que están por debajo de lo que nos resulta coherente. Sí, pasa. Y no pensamos que hemos ganado. Pensamos que algo no cuadra.

Este mes le ofrecimos a un candidato un 25% más de lo que pidió.
Porque su cifra no encajaba.

Pagar menos de lo que alguien vale no es eficiencia. Es como «Requiem for a Dream»: sabes que el final va a ser deprimente.

Si el salario que nos indica el candidato encaja en base a lo que esperamos de él, se lo decimos y avanzamos. Y al final del proceso, le ofrecemos exactamente esa cantidad si cumple con las expectativas y él no nos ha descartado.

Sin sorpresas.
Sin trucos.

Así que no ponemos salario en las ofertas. Pero los candidatos saben desde el primer momento cuál será la cifra si todo cuadra.

El salario no es una negociación. No jugamos a ver cuánto podemos ahorrarnos. Eso sale muy caro.

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